Diario Digital

La década de la exhibición

La primera década del siglo XXI se inició y terminó hitos televisados a escala global. El 11 de septiembre de 2001, miles de millones de espectadores vimos, incrédulos, cómo el WTC de Nueva York, icono del capitalismo occidental, se desmoronaba estrepitosamente. En vivo, trasmitido a todo el globo. El 12 de octubre de 2010, más de mil millones observamos no sólo en pantallas de televisión, sino también en los teléfonos móviles y terminales de computadoras, cómo emergían los 33 mineros atrapados a 700 metros bajo la superficie del Desierto de Atacama.

Ambos hitos, en su calidad de eventos multimedia, marcaron el comienzo y el final de una década caracterizada por la exhibición. En los 2000, el desarrollo de la red de comunicaciones globales facilitó la interconexión y la apertura de la vida privada al espacio público. La sociedad trasparente –concepto de Gianni Vattimo- se consolidó durante esta década. A través de los medios de comunicación –masivos y no- la instantaneidad y la interconexión, prácticamente todo el globo está al alcance de la mano.

La transparencia llegó a tal punto, que los muros de las cárceles se hacen invisibles a través de la telefonía celular, las fronteras se disuelven y podemos ingresar a cada ciudad del mundo a través de Google Earth, las comunicaciones diplomáticas de Estados Unidos pierden su confidencialidad y pasan a ser documentos públicos, las torturas y abusos de la guerra llegan en video hasta los medios globales. La trasparencia se torna en una amenaza no sólo en países como China o Myammar, que ejercen un duro control sobre la redes; también se convierte en amenaza contra Estados Unidos, cuyas divisiones gubernamentales y las bases de datos de sus grandes compañías han mostrado ser susceptibles frente a la disolución de los secretos.

En Chile, en la década de los 2000, la transparencia se consolidó como un objeto de uso cotidiano. En estos años, chilenos y chilenas han encabezado el ránking mundial de la exhibición. El uso de redes sociales como Facebook han llevado a millones de personas a convertir sus vidas privadas en eventos públicos. En los últimos dos años, en segmentos más restringidos, pero que influyen en la toma decisiones acerca de la vida pública –periodistas y personas vinculadas a los medios de comunicación- la red Twitter facilita la puesta en público de opiniones que buscan marcar agenda e influir.

En los 2000, se iniciaron los reality shows, escenario propicio para la exhibición. Surgió la “mediósfera”, un mundo propio limitado a los códigos de los medios de comunicación. El sentido de la “mediósfera” se funda en la oposición “aparecer/no aparecer”. La televisión es el centro de este mundo. Los noticiarios de televisión construyen noticias acerca de su propia programación. Las Últimas Noticias pasó a ser el diario de los habitantes de la mediósfera y de los eventos y acciones que suceden en este mundo. Los programas de farándula hacen otro tanto. Para ingresar a la mediósfera, se requiere estar dispuesto a publicitar la vida privada. Para mantenerse en ese mundo, la frontera entre la vida pública y la vida privada se debe eliminar prácticamente por completo.

Cuando la vida privada se hace pública, la ciudadanía exige que la vida pública –aquello que interesa a todos- sea realmente pública. La ley de trasparencia vigente en Chile desde 2009 recoge esta exigencia. Sin embargo, aún existen recovecos de resistencia frente a sus disposiciones. La discusión en torno de si la compara de un puente mecano por parte del Ejército, para apoyar el desplazamiento en la zona de Concepción tras el terremoto, constituye o no información reservada, es una manifestación de esta resistencia.

La transparencia llegó para quedarse. Internet nos permite acceder a informaciones que en muchos casos se cree que no está disponible. Hechos que suceden en Chile, acerca de los cuales no se informa, nos llegan como informaciones desde el extranjero. Podemos saber sobre inversiones privadas que realizarán empresas nacionales mediante la emisión de comunicaciones de prensa por parte de empresas multinacionales. En la página de la Superintendencia de Valores y Seguros, encontramos valiosa información financiera de las sociedades anónimas. En el sitio del Servicio de Evaluación Ambiental, nos enteramos paso a paso de la tramitación ambiental de los proyectos de inversión.

La década de la exhibición nos dejó un legado que nos recuerda los planteamientos de Vattimo acerca de la sociedad trasparente. Esta publicitación de la vida privada es una tendencia que seguirá marcando el quehacer de las personas, los estados y las empresas durante los próximos años.

Marcelo Vega Reyes

Magister en Comunicación

@ER
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