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Proceso Constituyente, una buena instancia perdida

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29 junio 2016. Por Felipe Mansilla P. Coordinador Cabilderos.cl. Consejero General RN

Este martes  ha terminado la primera etapa del proceso constituyente, instancia en la que la ciudadanía podía realizar los denominados “Encuentros Locales Autoconvocables” <de aquí en adelante ELA>. Esta primera etapa no estuvo exenta de cuestionamientos por un sinnúmero de circunstancias que se fueron generando en la medida que avanzaba el proceso.

En primer lugar, fue evidente la falta de información cívica que manejaban las personas, debiendo <en teoría>, haber sido preparados con la invisible etapa de información cívica, realizada entre los meses de octubre de 2015 a marzo de 2016, con recursos estatales, quedando en evidencia que en la práctica ésta nunca se llevó a cabo, existiendo un vacío insubsanable en la  generación de conocimientos tan básicos, como  que es una constitución, su importancia, y cuáles son las principales materias que regula <de manera al menos superficial>, produciendo en la mayoría de los ELA celebrados, discusiones sin bases de las materias tratadas y un estancamiento en la discusión por carecer de herramientas necesarias para avanzar en el objetivo que se buscaba, un debate ciudadano sobre que materias eran fundamentales para la las personas regular.

En segundo lugar el rol que cumple el Consejo ciudadano de observadores, creado para que de alguna manera fiscalice este proceso constituyente, consejo que pocas veces fue escuchado, produciendo la renuncia de varios de sus integrantes, y que cada día que pasa, nos enteramos por la prensa de las diferencias entre el gobierno y este, que nos hace concluir que simplemente es un órgano decorativo que no tuvo, ni tendrá un rol relevante.

En tercer lugar durante la etapa de información cívica surgió el denominado “Constitucionario”, una herramienta de información poco precisa en sus conceptos, inclusive tendenciosos al definir algunos de ellos y que parecía tratar a los chilenos como unas personas infantiles y tontas, tratando de explicar algo tan serio con animalitos como si no tuviéramos la capacidad de entender las cosas.

En cuarto lugar, encontramos los llamados “facilitadores”, personas que en su mayoría pertenecían a un sector político determinado <del gobierno>, careciendo de toda objetividad. Sumado a ello, puedo dar fe <a nivel nacional> que su labor se remitía a enviar correos y llamar por teléfono a quienes inscribían los encuentros locales, sin una fiscalización real, in situ, recibiendo un cuantioso sueldo por una labor que no era para nada proporcional.

En quinto lugar, vimos cómo el gobierno debió realizar importantes modificaciones una vez iniciado el proceso, tales como reducir el plazo para inscribir los ELA de 10 a 5 días, disminuir el número mínimo de personas para participar de 15 a 10 personas, aumentar el periodo de tiempo para celebrar los ELA, solicitando el gobierno la extensión de 3 semanas, que en definitiva el Consejo de observadores sólo permitió su aumento en 5 días extras, todo ello en razón de los bajos números de participación ciudadana que hacían presagiar un fracaso rotundo de este mecanismo.

En fin, podría continuar describiendo otros vicios del proceso como la falta de fiscalización, los incómodos problemas presentados por la página para subir a la plataforma las actas de los ELA, y otros tantos que no podré desarrollar en esta columna por honor al tiempo de lectura que amerite.

Como conclusión, sólo basta ver los números que arroja inicialmente el gobierno de esta etapa, 15.000 ELA inscritos, aparentemente 7.000 de ellos efectivamente celebrados, tan sólo la mitad de los llevados a cabo con sus respectivas actas en la plataforma correspondiente. Agregar que todo este ejercicio cívico no es vinculante, por lo que todo lo discutido y reflejado en las actas correspondientes no serán necesariamente consideradas, dejando un sabor amargo en la gente que participó entusiasmada pero que al saber este hecho  quedaba entendiblemente desconsolada por considerar una pérdida de tiempo su participación en un proceso que como decía la mayoría “ya estaba cocinado y tenían la Constitución redactada de antes”.

Lamentablemente, el gobierno perdió una gran oportunidad de haber podido discutir realmente un tema tan importante como las bases institucionales de una futura Constitución, pero nuevamente cayó en improvisaciones y errores que alejaron aún más alguna vinculación <si existía> entre nuestra carta fundamental y la ciudadanía. Ojalá se logre llegar a un punto de acuerdo  y que todo esto no termine en una Constitución sesgada ideológicamente, que represente y sea fabricada a la medida de una ideología política que momentáneamente se encuentra en el gobierno y logremos generar una Constitución seria, estable y que represente a todos los chilenos.

 

 

@ER
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