Diario Digital

Otra vez la colusión

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Nicolás Preuss

Director Nacional INJUV

Fue en mayo de 2008 cuando casi todos los chilenos nos enrabiamos frente al televisor, miramos con odio la pantalla y no podíamos dar crédito a lo que veíamos. No se trataba de la pelota en el travesaño de Pinilla, ni porque al malo de la teleserie otra vez algo le resultaba bien. Esta vez eran malos del mundo real, malos de cuello y corbata, empresarios que decidieron aumentar sus ganancias a costa de los que más necesitan, subiendo los precios de bienes tan necesario como los medicamentos.

No importaba si era un jarabe para la tos  o un tratamiento para el cáncer, ellos sólo querían ganar más.

No faltó el “loco lindo” que se puso en la entrada de una farmacia llamando a no comprar, un gesto casi inocente, podrías no comprar en esa, pero la de al lado, la del frente y prácticamente todas estaban coludidas.

El primer gran escándalo de colusión nos golpeó, empezamos a dudar casi de todo y el tiempo nos fue dando la razón. En diciembre de 2011 se destapó la colusión del pollo, según datos de la  Oficina de Estudios y Políticas Agrarias del Ministerio de Agricultura, la carne de ave es lejos la más consumida entre los chilenos con 37,2  kilos al año por persona. Esta vez la colusión disparaba directo en nuestra mesa, entre las papas fritas y el tuto coludido a la parrilla.

Pero ninguno de estos escándalos espantó a los involucrados en el cartel del papel higiénico, los detalles parecían sacados de una película de la mafia; cartas enviadas como partes de matrimonio para no levantar sospecha, computadores flotando en el río para borrar información, teléfonos de prepago para no dejar huella. Todo calculado para sacar platita extra de nuestros bolsillos.

Muchos se revelaron y aseguraron que nunca más comprarían papel, pero con las empresas que controlan más del 90% del mercado participando de la colusión, poco se puede hacer.

Y la última gracia: no conforme con la colusión entre los productores de pollo, paralelamente los supermercados se coludían para volver a subir el precio de las carnes blancas.

La colusión está de moda y no sólo afecta nuestros bolsillos, las colusiones nos robaron la confianza, nos robaron las ganas de participar y de creer que con ideas y trabajo podíamos cambiar el mundo, ese fue su gran delito.

@ER
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