Diario Digital

El pecado de Zelaya

Carlos Del Río Molina

zelayaManuel Zelaya, Presidente de Honduras elegido democráticamente, fue privado de volver a tocar tierra hondureña, despojado de su cargo, sin razón constitucional alguna para lo sucedido.

O sea, tenemos un “Golpe de Estado” en pleno año 2009, en un nuevo milenio donde se supone que la democracia es un derecho. Es obvio que quienes se adueñan del poder de forma tan baja y sin principios ni valores deben buscar excusa, pero todos quienes sepan lo que es el respeto, saben diferenciar entre el bien común y el bien de un sector privilegiado, que se asusta de perder sus granjerías en la sociedad, llevando a ésta de ser sociedad democrática a una “suciedad dedocrática”. 

¿De qué forma entendemos la “justificación” de la derecha de Honduras para llegar al golpe?

He aquí el pecado de Zelaya: el problema no fue haber planteado la posibilidad de su reelección, sino darle el derecho al pueblo de Honduras de poder elegir democráticamente y -para “peor”- haber avanzado por el camino del derecho legitimo de un pueblo a señalar a su o sus gobernantes. La reelección para el mismo Zelaya no era segura, pero el punto era salir y votar, decidir por ellos mismos.

Eso fue lo que a la derecha no le gustó y -aprovechando su clásica cercanía de intereses con los militares-, bueno, ya sabemos lo que pasó: “¡si no opinas igual que yo, …!”

¿Podemos creer, además, en la versión del poder judicial, que dice: “¡El ejercito dio el golpe de Estado para proteger la legalidad!”?, Yo me pregunto: ¿Qué  legalidad? Si hablamos de legalidad, ¿por qué no se llevó a cabo un juicio político a Zelaya?

Es verdad que podemos estar o no de acuerdo con un Gobierno, pero eso no implica que faltemos a los derechos fundamentales que tiene un pueblo. Cuando se pierde el respeto contra nuestros gobernantes que han sido democráticamente elegidos, nos perdemos el respeto a nosotros mismos, como pueblo, como cultura, como país…

@ER
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