Diario Digital

El valor de recordar

11 septiembre 2013.

Amigos amigas

Antes de comenzar estas palabras, y entendiendo que abordarán uno de los temas más sensibles de la historia reciente de nuestro país, el Pronunciamiento Militar ocurrido el 11 de Septiembre de 1973, quiero sincerar mis emociones y situarlos en el contexto.

Para esa fecha, yo aún no había nacido, pero si me tocó crecer y vivir en aquel periodo, incluyendo pasar mi infancia en la, ahora ampliamente citada, generación de los 80´s, álgida época de cambios y revoluciones.

Pero mi juventud no es excusa alguna para restarme de los hechos, como todo chileno, tengo el derecho y el deber, de referirme a ese período y enfrentarlo desde mi personal punto de vista.

En estas líneas, no sólo trasparentaré mi visión de los hechos, sino que además pondré de manifiesto el sentir de muchos hombres y mujeres. Finalmente el ejercicio de recordar es de todos y todas.

“Los momentos traumáticos que viven los países son como las heridas en un ser humano. No es bueno ignorarlas ni taparlas, porque así nunca logran cicatrizar. Tampoco es bueno hurgar permanentemente en ellas, porque pueden evolucionar a verdaderas gangrenas. Lo que debemos hacer es asumirlas, limpiarlas y curarlas, y permitir así que puedan sanar”. Con estas palabras, el Presidente de la República, Sebastián Piñera, se refirió a los hechos acaecidos hace ya cuatro décadas. Su reflexión, no sólo encierran una poderosa verdad, sino que además alberga un enorme espíritu de justicia y superación. Y es que a 40 años del quiebre institucional, las reacciones en nuestra sociedad siguen siendo variadas y muchas veces con un fuerte componente emocional.

En cuatro décadas, y a partir de un hecho tan traumático, se forjó el carácter de una generación completa de chilenos y chilenas, hombres y mujeres marcados por un episodio y por los cuales debemos, como Gobierno, tener el más sincero y profundo respeto.

El paso de los años, y el avance de la justicia en las causas por violaciones a los derechos humanos cometidos bajo el Gobierno militar, han hecho que hoy estemos enfrentando como país, una parte de nuestra historia que ojalá nunca volvamos a repetir.

Por ello, es que el valor de recordar toma un nuevo matiz, ya no se trata de revivir las divisiones del ayer, o remembrar los pasajes de violencia de antaño, sino que por el contrario, recordar se hace imperioso para sacar lecciones de los errores cometidos en el pasado y trabajar para que jamás hechos similares se vuelvan a escribir en nuestra historia.

Es importante agregar a este ejercicio reflexivo, el contexto histórico en el que se encontraba el país, sin duda que el quiebre institucional significó un periodo doloroso y complejo, pero sus causas no fueron accidentales, ni mucho menos un fenómeno explosivo, sino más bien, fue el desenlace de una historia marcada por una generación que no quiso, no supo o no pudo defender nuestra democracia y nuestro Estado de Derecho, pero teniendo presente que se debe ser categórico en que ningún hecho, causa u errores que condujeron al quiebre de nuestra democracia, justifica los inaceptables atropellos a la vida, integridad y dignidad de personas que por pensar y por soñar con un Chile distinto dejaron de ser vistos como compatriotas y lo fueron como adversarios.

Sin bien para algunos, la responsabilidad en los hechos es un tema definido y parcializado y sólo de carácter penal, atribuido principalmente a quienes cometieron violaciones a los derechos humanos, igualmente es cierto que en materia de responsabilidades debemos procurar ampliar el abanico y entender que en esa época hubo sectores que no contribuyeron a la estabilidad social, quebrajaron el Estado de Derecho y promovieron la intolerancia y odiosidad entre chilenos y por ello del mismo modo les cabe innegablemente una responsabilidad en lo ocurrido.

Por desgracia no se puede volver el tiempo atrás, más si tuviésemos esa oportunidad, no me cabe duda alguna que la gran mayoría de los actores sociales y políticos que formaron parte de los años previos al 11, actuarían de forma diferente, de una mejor manera, asumiendo que la democracia es un bien invaluable y que su protección es responsabilidad de todos.

Conscientes de que no es factible avanzar sin verdad, ni reconciliarnos sin justicia, uno de los valores más importantes que como Gobierno hemos promovido, ha sido precisamente trabajar CON la verdad, POR la justicia y PARA la reconciliación, aspectos en los que esta administración ha contribuido desde sus inicios.

Coincidirán conmigo en que la conquista de la ansiada reconciliación, y el cierre de las heridas, también implican actos de generosidad y grandeza, trae consigo la necesidad de otorgar y pedir perdón, ejercicio de nobleza complejo pero de una enorme bondad.

Con un país que camina hacia el futuro, superando de forma gradual y no menos compleja, los fantasmas que nos dividieron en el pasado, la reflexión de una autoridad que no alcanza los 40 años, quizás no marque la diferencia, pero estoy seguro que contribuye a la construcción de un país mejor, más sano y con fe en un porvenir más próspero. El mensaje del Presidente de la Republica Sebastián Piñera fue claro y sincero, no podemos ocultar el dolor, o hacer como si nada de esto haya ocurrido, pero si podemos trabajar en no repetirlo, buscando la tranquilidad que una sociedad y sus habitantes merecen…“si a veces no podemos estar alegre, siempre podemos estar en paz”.

 

Que dios los bendiga a todos.

 

Henry Azurmendi Toledo

 

@ER
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